Tuesday, August 25, 2026

Ecos de Jerusalén y la Casa de Santiago (Instituto Español Bíblico y Arqueológico)

Se ofrece la tercera entrega de la contribución iniciada en julio de 2026, en https://fmarcosmarin.blogspot.com/2026/07/jerusalen-las-huellas-y-sus-ecos.html y continuada el primero de agosto en https://fmarcosmarin.blogspot.com/2026/08/jerusalen-y-sus-ecos-peregrinaciones-y.html. El enfoque adoptado continúa siendo deliberadamente interdisciplinar, en el sentido fuerte del término: no se limita a “sumar” perspectivas, sino que se sitúa en el cruce de tres campos principales: arqueología e historia, filología y ciencias de las religiones, estudios de memoria.

En 1955 se dio un salto cualitativo: la fundación de la Casa de Santiago, concebida desde el inicio como sede del Instituto Español Bíblico y Arqueológico de Jerusalén (IEBA). El proyecto venía gestándose desde los años cuarenta bajo rótulos como “Hogar Hispanoamericano”: memorandos de 1942, cartas desde el consulado español en Jerusalén y propuestas de un centro que combinara hospedería, capilla, escuela, dispensario y sucursal del Patronato Pro-Jerusalén. La fórmula finalmente adoptada fue más precisa: una casa de estudios para biblistas y arqueólogos de lengua española, ligada eclesialmente al Patriarcado latino y a la Iglesia española, vinculada académicamente a la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA), e insertada en el paisaje de las grandes instituciones de Jerusalén (École Biblique, Studium Biblicum Franciscanum, universidades locales).

Los testimonios reunidos en la miscelánea Escritos de Biblia y Oriente y en La Casa de Santiago en Jerusalén permiten dibujar la vida interna del Instituto con bastante detalle:


Las mañanas se inician con oración y misa en la capilla. Siguen el desayuno en el comedor, donde se cruzan español (en variantes peninsulares y americanas), italiano (franciscanos, profesores invitados), francés (dominicos de la École), inglés (biblistas anglófonos) y el árabe del personal local y las clases en la École Biblique, en el Studium franciscano o en la propia Casa (exégesis, historia de Israel, introducción a la arqueología bíblica, hebreo, griego, árabe moderno). Las tardes alternan entre el estudio en la biblioteca o en las habitaciones y las salidas de campo: murallas, Ciudad de David, valle del Cedrón e Hinom, Monte de los Olivos, Betania, Betfagé, Emaús, Ein Karem, desierto de Judea; los itinerarios se repiten curso tras curso, pero cambian las preguntas y las discusiones. Por las noches, la cena común, el intercambio de noticias, la discusión de artículos o hallazgos recientes; tertulias donde se mezclan cuestiones bíblicas, noticias de la situación política, relatos de peregrinos y anécdotas del día en los yacimientos.

El comedor de la Casa es, como recuerda más de un antiguo residente, un espacio privilegiado para percibir la “internacionalidad” de Jerusalén: en una misma mesa se pueden oír castellano, italiano, francés, inglés, algo de alemán, hebreo moderno y árabe. Esa polifonía lingüística forma parte de la propia experiencia científica: aprender arqueología de Jerusalén es, también, aprender a moverse entre lenguas, tradiciones exegéticas y escuelas nacionales. 

Para muchos residentes, la estancia en la Casa de Santiago es la primera ocasión de salir de España y convivir en una comunidad académica internacional; ver directamente los lugares tantas veces leídos en el texto bíblico; integrar en su forma de enseñar y predicar referencias topográficas y arqueológicas que ya no son “de manual”, sino fruto de la experiencia vivida.


En su balance titulado “La labor arqueológica del Instituto Español Bíblico y Arqueológico de Jerusalén (1956–1988)”, Joaquín González Echegaray distingue varias líneas de trabajo. En la formación básica se incluyen cursos de introducción a la arqueología bíblica (historia de la disciplina, métodos de excavación, lectura de estratigrafías); seminarios sobre la historiografía de las excavaciones en Jerusalén (de Robinson y Warren a Kenyon, Mazar, etc.). Las salidas de campo sistemáticas comprenden recorridos topográficos por Jerusalén y su entorno (Ciudad Vieja, “Ophel”, Ciudad de David, valles del Cedrón e Hinom) o visitas a yacimientos clásicos de la tradición cristiana (Getsemaní, Campo de los Pastores, Betania, Betfagé, Emaús), con comentarios “sobre el terreno” y bibliografía en mano. También hay una participación en campañas, en colaboración con las excavaciones dirigidas por la Custodia franciscana, por ejemplo en Khirbet Siyar el-Ghanam (Campo de los Pastores), y en otros sitios de Tierra Santa; destaca la presencia de estudiantes y profesores del IEBA en campañas internacionales, donde la aportación española se manifiesta tanto en la mano de obra cualificada como en la difusión posterior de los resultados.

En el apartado pedagógico, domina el trabajo de síntesis en castellano. Con la elaboración de manuales, artículos y materiales de divulgación que traducen debates y resultados al español; y la organización de cursos y semanas bíblicas en España, donde la experiencia de Jerusalén se transmite a seminarios, universidades y parroquias. En este sentido, el IEBA funciona como un traductor y amplificador de la arqueología de Jerusalén: no genera una “escuela nacional” separada, sino una forma hispánica de recibir, reelaborar y difundir el conocimiento arqueológico sobre la ciudad.

La huella de la Casa de Santiago se percibe en varios planos: la red de antiguos residentes (sacerdotes, religiosos, laicos) que vuelven a sus diócesis y universidades con un mapa mental de Jerusalén extremadamente preciso;  la producción de manuales y estudios en español sobre Biblia y arqueología, donde la familiaridad con el terreno de Jerusalén es evidente; las becas y convocatorias de la UPSA y la Conferencia Episcopal que siguen enviando cada año estudiantes a la Casa. 

Más que una “misión arqueológica nacional”, la presencia española en Jerusalén se despliega en forma de capilaridad hermenéutica: la manera en que se explica la Biblia en español, se dibujan los mapas de Tierra Santa y se predica sobre Jerusalén poquísimo tendría que ver con la experiencia arqueológica si no existieran el IEBA, el Colegio del Pilar y las redes que articulan.


Los volúmenes en prensa de Bajo el cielo de Oriente. Crónica de Francisco Roque Martínez Aguinaco, O.F.M. (1877–1944) en Egipto y Tierra Santa permiten seguir casi año por año la trayectoria de Francisco Martínez Roque, figura clave para entender los vínculos entre España, Egipto y los Santos Lugares.

Formado en casas franciscanas de Andalucía, Roque es destinado a Alejandría, donde actúa como capellán de la colonia española, gestor de obras sociales (escuelas, dispensarios, ayudas a enfermos y soldados) y mediador entre coleccionistas locales, autoridades egipcias y el Museo Arqueológico Nacional.

Su correspondencia con José Ramón Mélida, director del MAN, documenta el envío de estatuas, vasos, monedas, amuletos y tejidos, las gestiones administrativas para legalizar adquisiciones y donaciones, la concesión de la Orden de Isabel la Católica a Roque y a colaboradores como José Marini, en agradecimiento por los servicios prestados al museo. En una carta de 1925, Mélida agradece expresamente el envío de una “mano de momia” y de una estatua relacionada con un “joven faraón”, que se identificará luego como Tutankhamón. Ese intercambio epistolar sitúa a Roque en la vanguardia de la recepción española de la egiptología: lee las noticias que llegan de Inglaterra, comenta los avances de las excavaciones y ajusta las narrativas museísticas madrileñas a la luz de lo que ocurre en el Valle de los Reyes.


En 1931, Roque es enviado a Jerusalén como Procurador General de la Custodia de Tierra Santa. Desde ese puesto adquiere terrenos en torno al Cenáculo y promueve la construcción del convento de Monte Sión, coordina obras y restauraciones en santuarios como el Monte Tabor, el Monte Nebo y el Campo de los Pastores, impulsa la reforma del Colegio del Pilar y otras obras educativas y sociales y canaliza ayudas durante la guerra del Rif y la Guerra Civil española, gestionando repatriaciones y socorros.

Los informes de Tierra Santa y Roma para 1933 hablan de centenares de obreros empleados en obras y excavaciones, de miles de panes distribuidos semanalmente, de colonias escolares y de escuelas gratuitas. En ellos la actividad arqueológica aparece integrada en un proyecto más amplio de presencia social, pastoral y diplomática. Roque encarna, así, la figura del intermediario múltiple: entre Egipto y España, entre Jerusalén y Madrid, entre el mundo científico y el mundo devocional.