Saturday, July 11, 2026

Jerusalén, las huellas y sus ecos

 Quisiera presentar en este cuaderno una nueva serie con trabajos insertados en un marco amplio en el que se aborde Jerusalén como tema transversal entre la Biblia y la Arqueología. En ese marco, la contribución que aquí se inicia y que esperamos seguir en los meses próximos funciona como pieza de bisagra: se ocupa de la historia de la arqueología de Jerusalén y, al mismo tiempo, de los modos en que esa historia ha sido leída y reescrita en contextos culturales concretos. Prometo tratar de ser menos bibliográfico y má próximo en las contribuciones venidaeras; pero Jerusalén bien merece un planteamiento serio para aproximarnos a ella.

Para ello, partimos de la constatación de que la arqueología de Jerusalén no puede entenderse únicamente como una sucesión de excavaciones y hallazgos. Obedece también a agendas confesionales, nacionales y académicas muy precisas, que han sido estudiadas con detalle en obras como Unearthing Jerusalem. 150 Years of Archaeological Research in the Holy City (Galor y Avni, 2011), un verdadero hito en la historiografía reciente sobre el tema. Esa obra, junto con la síntesis de Katharina Galor y Hanswulf Bloedhorn The Archaeology of Jerusalem: From the Origins to the Ottomans (2013), ofrece un marco cronológico y metodológico de referencia para este escrito y los sucesivos.

Nos apoyaremos en esas grandes síntesis internacionales —así como en repertorios como la New Encyclopedia of Archaeological Excavations in the Holy Land— para trazar un panorama claro de la investigación arqueológica en Jerusalén desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días. Sobre ese trasfondo, se focalizará la atención en los “ecos españoles”: la diplomacia y las peregrinaciones impulsadas desde la Península; la fundación del Colegio español de Nuestra Señora del Pilar en Jerusalén; la creación del Instituto Español Bíblico y Arqueológico / Casa de Santiago; y la red de colaboraciones con instituciones como la École biblique et archéologique française de Jérusalem y el Studium Biblicum Franciscanum.

En otras palabras, estas páginas dialogan con los estudios centrados directamente en la exégesis bíblica, pero se desplazan hacia una historia cultural de la arqueología: cómo se organiza, se financia y se legitima; cómo circula a través de libros, películas, fotografías, guías devocionales y relatos de viaje; y cómo contribuye a reconfigurar la “Jerusalén imaginada” por los lectores de lengua española.

Nos preguntaremos en primer lugar qué entendemos por “historia arqueológica” y por “ecos”, para enfocar la historia arqueológica de Jerusalén como mucho más que una cronología de hallazgos. Nos referimos a un conjunto de procesos entrelazados:

La evolución de las prácticas de campo: desde las exploraciones pioneras de figuras como Edward Robinson en la primera mitad del siglo XIX —a quien Davis describe como uno de los fundadores de la geografía bíblica moderna— hasta las excavaciones estratigráficas clásicas (Kenyon), las grandes campañas nacionales en el periodo del Mandato británico y de la Israel de posguerra, y los proyectos más recientes que emplean técnicas avanzadas de documentación y análisis.

La institucionalización de la disciplina: la creación de escuelas y centros de investigación, como la École Biblique (1890), reconocida en 1920 como escuela arqueológica francesa, dedicada desde sus orígenes a combinar exégesis bíblica y trabajo de campo; las American Schools of Oriental Research; las instituciones franciscanas y, más tarde, las autoridades arqueológicas israelíes y palestinas.

La construcción de relatos históricos y teológicos a partir de los hallazgos: desde la “arqueología bíblica” de W. F. Albright y sus discípulos —cuyo programa consistía en confirmar históricamente los relatos bíblicos— hasta la crítica de ese paradigma y el surgimiento de enfoques más atentos a la pluralidad cultural de la región y a las implicaciones políticas de la interpretación del pasado.

En la bibliografía especializada, se ha subrayado que, desde los años setenta, la arqueología de Jerusalén ha sido objeto de síntesis repetidas (Kenyon 1974; Mazar 1975; Bahat 1990; Ben-Dov 2002; Reich 2011, además de los volúmenes enciclopédicos de Stern). Estas obras suministran el marco técnico y cronológico que aquí se presupone y que no se repetirá de forma pormenorizada. El lector interesado en una descripción detallada de murallas, sistemas hidráulicos, estratos urbanos y edificios de cada periodo encontrará en Galor–Bloedhorn y en Unearthing Jerusalem un compendio actual, acompañado de mapas, planos y fotografías.

Lo que se propone es principalmente una “historia de segundo grado”: una reconstrucción de cómo se ha producido el conocimiento arqueológico sobre Jerusalén, quién lo ha producido, con qué herramientas conceptuales y con qué efectos en distintas comunidades de recepción. En este sentido, el trabajo se sitúa en diálogo con estudios críticos sobre la arqueología bíblica y la arqueología israelí, como Digging for God and Country de Neil Asher Silberman, centrado en la génesis de la arqueología bíblica moderna en el siglo XIX; Shifting Sands de Thomas W. Davis, que narra el auge y crisis del paradigma de la “biblical archaeology”; y Just Past? The Making of Israeli Archaeology de Raz Kletter, dedicado a los años cincuenta y sesenta del siglo XX.


Un lugar aparte lo ocupa Facts on the Ground de Nadia Abu El-Haj, que analiza cómo la práctica arqueológica en Israel/Palestina participa en la construcción de identidades nacionales y en la legitimación territorial. Estos enfoques serán fundamentales para comprender, más adelante, tanto la politización contemporánea de ciertos yacimientos de Jerusalén como la manera en que la arqueología se inserta en discursos diplomáticos, turísticos y catequéticos, también en el caso español.

Otra pregunta tiene que ser a qué llamamos “ecos”, un término deliberadamente tomado en un sentido amplio:

Ecos institucionales: fundación de colegios, seminarios, institutos bíblicos y centros de investigación que, desde Jerusalén, articulan redes internacionales de docentes y estudiantes. La École biblique y el Studium Biblicum Franciscanum serían ejemplos paradigmáticos, a los que se suman más tarde iniciativas nacionales (escuelas alemanas, británicas, italianas, etc.) y, en el caso que nos ocupa, el Instituto Español Bíblico y Arqueológico (IEBA) y la Casa de Santiago, cuyo papel en la formación bíblica y arqueológica de varias generaciones de españoles ha sido recogido tanto en documentación interna como en estudios recientes de síntesis.

Ecos textuales: publicaciones científicas, crónicas de viaje, guías para peregrinos, manuales de arqueología bíblica, homilías y catequesis que integran —no siempre de manera explícita— los resultados de las excavaciones en Jerusalén. La literatura devocional y divulgativa en lengua española sobre Tierra Santa constituye un observatorio privilegiado para percibir cómo las imágenes de la ciudad excavada se traducen en palabras, metáforas y argumentos teológicos.


Ecos visuales y museográficos:
fotografías, filmaciones, álbumes de peregrinación, maquetas de Jerusalén, mapas murales y exposiciones temporales en España y en países hispanoamericanos que “transportan” al público la experiencia de los lugares santos. La invención del cine añadió un valor excepcional. Los documentales sobre lugares santos y países con historia bíblica sirven de catequesis para españoles e iberoamericanos en general y como invitación a la visita. A ello se suma el interés que despertaron los documentales arqueológicos.

Ecos humanos: trayectorias personales de arqueólogos, biblistas, religiosos, diplomáticos y laicos, para quienes Jerusalén no es solo un objeto de estudio, sino también un lugar vivido. Es en este nivel donde se inscriben, por ejemplo, las relaciones entre Alfonso XIII y las exploraciones del Próximo Oriente, o el impacto en España de figuras mediáticas como Howard Carter, que, aunque centradas en Egipto, contribuyeron a popularizar una cierta imagen de la arqueología bíblica y, por extensión, de Jerusalén.


Los “ecos españoles” constituyen el núcleo específico de esta reflexión. En este terreno, la investigación de María Luz Mangado Alonso ha establecido un punto de partida indispensable. Su tesis doctoral El legado de España en Tierra Santa desde 1899 hasta 1955, defendida en la Universidad de Alcalá, estudia en detalle las peregrinaciones, el Colegio de Nuestra Señora del Pilar en Jerusalén, los cronistas y revistas, así como las dimensiones artísticas, arqueológicas y museísticas de ese legado. La monografía posterior Bajo el cielo de Oriente. El legado de España en Tierra Santa desde 1899 hasta 1955 (2022) ofrece una versión ampliada y accesible de esos resultados. Hoy en día es una referencia obligada para cualquier estudio sobre la presencia española en la región.

En el plano más estrictamente académico, el capítulo “Arqueología, historia y lengua española en Tierra Santa”, firmado por Mangado Alonso, Francisco Barrado Broncano y el autor de estas páginas, fue publicado en el volumen colectivo Mundos del hispanismo. Una cartografía para el siglo XXI (2022). En él se propuso una primera articulación sistemática entre la arqueología, la historia y los estudios lingüísticos en el contexto de Jerusalén y la Tierra Santa. Ese trabajo, junto con los capítulos más fiables del dossier del Ministerio de Asuntos Exteriores, La arqueología española en Tierra Santa, constituye el antecedente directo de la reflexión que queremos desarrollar en las próximas contribuciones.