Sunday, December 16, 2018

Navidades 2018

Con el recuerdo esperanzado de quienes ya no están con nosotros y, en especial, de Jorge.

Friday, November 2, 2018

Retomar el blog desde Jerusalén

Hace unos meses que este blog quedó en compás de espera, con la información sobre el libro publicado en 2018 y una nota que advertía de la posibilidad de un tiempo parado. En este período se han producido algunos cambios en las actividades de su autor que sitúan este cuaderno en una nueva perspectiva. Para no extendernos, pueden reducirse a dos, el paso a Professor Emeritus en la University of Texas at San Antonio y el traslado a la Casa de Santiago, Instituto Español Bíblico y Arqueológico, en Jerusalén.
Es posible que convenga informar ahora de qué es esta institución en la que ahora vivo. Para ello citaré a José Manuel Sánchez Caro, autor del libro sobre la Casa: "el primer trabajo serio sobre los documentos de Qumran lo escribió Antonio González Lamadrid ya en 1956; el editor en España de la conocida Biblia de Jerusalén, José Ángel Ubieta, fue el primer residente en la Casa de Santiago; editores oficiales de los documentos de Qumran y profesores en prestigiosas universidades como Florentino García (Lovaina) y Julio Trebolle (Complutense de Madrid), están ligados muy profundamente a la Casa; y lo mismo sucede con otros de los conocidos especialistas españoles, como Rafael Aguirre (bien conocido por sus trabajos sobre orígenes del cristianismo), Miguel Pérez (filólogo semítico internacionalmente reconocido y fundador de la prestigiosa biblioteca midrásica), y muchos otros”.
Resulta sumamente grato reconocer que estos quince años pasados en San Antonio han constituido un periodo bueno de la vida y expresar el agradecimiento a las personas de la Universidad que lo hicieron posible, empezando, como es natural, por los colegas del Department of Modern Languages and Literatures, con el que, afortunadamente, sigo vinculado, ahora como emérito. Seguir interviniendo en las actividades habituales, leer tesis y trabajos de fin de la Maestría, participar en la publicación de resultados de investigacíones que se han seguido de cerca y poder mantener el contacto con ese grupo de estudiantes y profesores me parece una gran cosa, que realmente agradezco.
Si pasar de Roma a San Antonio hace unos años fue un buen salto, hacerlo ahora de San Antonio a Jerusalén puede parecer todavía mayor y más cuando se vive en Jerusalén Este, a muy pocos metros del muro de separación con los territories palestinos, un muro que está presente todos los días, puesto que la parada del 236, el autobus árabe que me lleva al centro, limita con él. Lo de la parada es un decir, porque todavía no he visto que el autobus salga de la parada, suele hacerlo desde el otro lado de la calle, al lado de la gasolinera donde el conductor que trabaja a la hora de la oración de la tarde guarda su alfombra para el rezo, que lleva a cabo mientras los demás esperamos.
Presentación del libro de Sánchez Caro.
Quien pasa un día en Jerusalén escribe un libro, quien una semana, un artículo; pero cuando se llevan más de dos meses y se espera estar muchos más, escribir se hace muy difícil: se escucha, se intenta aprender y se procura comprender. No sé, sinceramente, qué camino tomará este cuaderno. Quizás incluya textos en árabe que escribo para mis clases y estudios, con la oportuna traducción al español, quizás escriba artículos generales de intención divulgadora o de cooperación con la sociedad de estudiosos, como antes o quizás caiga en la tentación de hacer alguna vez algo distinto; pero el blog ha sido parte de mis relaciones con un grupo de personas con las que comparto un aprecio mutuo y puede que convenga mantenerlo, en las dimensiones que Dios provea.
Termino con mi gratitud a la Hebrew University in Jerusalem, que me ha extendido una invitación para compartir sus trabajos honoríficamente, como Visiting Professor, y sentirme miembro de un espacio de estudio y reflexión, a Polis Institute, donde trato de mejorar mi árabe y no olvidar la Lingüística, aprovechando la paciencia de un muy selecto grupo de alumnos y, especialmente, a la Conferencia Episcopal Española y la Universidad Pontificia de Salamanca, que me permiten disfrutar de este excelente espacio de investigación, con su gran biblioteca, que es la Casa de Santiago. Aquí, a la justa distancia del centro de lo que la Ley judaica permite recorrer andando en un día de sábado, se puede tratar de ver problemas muy cercanos con una mayor perspectiva.

Sunday, June 10, 2018

Humanidades hispánicas. Lengua, Cultura y Literatura en los estudios graduados


La editorial Peter Lang publicará en breve en Nueva York este libro. Antes del paréntesis veraniego, que este año puede ser largo, me ha parecido que podría ser útil darlo a conocer, mediante la reproducción de mi introducción al mismo.

Más información disponible en

https://www.peterlang.com/view/product/82961.




La generalización del acceso a la educación ha producido grandes alteraciones en el tipo de estudiantes que llegan a los estudios superiores. Hace cincuenta años, la mayor parte de quienes hoy acceden a ellos se hubiera limitado, como mucho, a terminar lo que hoy sería una enseñanza preuniversitaria, mientras que en la universidad se ingresaba tras un largo y costoso proceso de selección. Todo ello se ha traducido en un descenso del nivel medio de conocimientos. Digo medio, porque también está claro que el nivel superior de los conocimientos universitarios supera hoy con mucho al de hace cincuenta años. En aspectos como uso de computadoras y conocimiento de idiomas, incluso el nivel mínimo está más alto que el nivel mínimo de entonces. ¿Qué caracterizaría, a mi juicio, ese nivel medio de conocimientos que parece haber descendido? Fundamentalmente dos aspectos: el conocimiento enciclopédico y el interdisciplinario, estrechamente ligado a él. Muchos alumnos universitarios, limitándonos al campo de las Humanidades, no han tenido ocasión de aprender a interrelacionar Arte, Música y Literatura o, incluso, Lengua y Literatura, ni nada de ello con la Historia. Su universo cultural está limitado por un menor acceso a la fuente de información básica que ha sido, en la educación burguesa característica del estudiante universitario tradicional, la biblioteca familiar. Disponen de muchas facilidades para acceder a la información que precisan, gracias a internet; pero no han sido educados para interrelacionar los múltiples datos que reciben y, en consecuencia, ha disminuido su capacidad crítica. No saben qué hacer con tanta información. El problema no se limita a los alumnos universitarios, por supuesto, es un problema de nuestro tiempo; pero en este libro se restringe al estudio de las Humanidades en Lengua Española en el marco universitario. Un grupo de profesores con experiencia educativa en niveles preuniversitarios y universitarios aceptó mi propuesta de escribir un libro introductorio para ayudar a los estudiantes a interrelacionar conocimientos en los campos de Lengua, Cultura y Literatura. El mejor modo de hacerlo de manera coordinada era aceptar unas ideas básicas y la orientación del compilador para que todo saliera de acuerdo con el plan previsto. Esa idea central del libro es “cómo hacer cosas en Lengua, Cultura y Literatura a partir de los conocimientos que se adquieren en cada capítulo”. El método de aplicación debería ser que los alumnos se leyeran primero el capítulo, antes de la clase correspondiente, y prepararan una serie de ejercicios para repasar en clase. De ese modo se asegura que se haya comprendido lo que se quiere decir y que se sabe cómo aplicarlo.
El público es, en principio, el compuesto por estudiantes universitarios de español en universidades de todo el mundo, lo que significa que algunos de ellos tienen el español como lengua materna y otros como lengua segunda. De hecho, el experimento de aplicación práctica de la primera redacción del libro se ha hecho con estudiantes de las dos categorías. Naturalmente, además de los estudiantes, hay que tener en cuenta a sus profesores, porque esta obra se presenta como una posible introducción a las Humanidades Hispánicas en un semestre de quince semanas. Sería deseable que el libro alcanzara a otros estudiantes y profesores, en todo el mundo. Se ha tenido por tanto muy claro que ese público estudiantil en algunos casos puede tener el español como lengua materna, con variados niveles de uso en diferentes registros, y que, en la mayor parte de los casos en que el español no sea su lengua materna, lo será el inglés. Se parte también de la idea de un público con conocimientos muy básicos, así que no se debe dar nada por previamente conocido. La ventaja es que la Sociedad del Conocimiento permite hoy recurrir a información complementaria cuando sea preciso, por lo que se evita sobrecargar el libro, que debe ser lo más ágil posible, para permitir una primera lectura seguida de los ejercicios correspondientes, antes del trabajo de clase. Cuando para esa información complementaria se recurra a internet, se hará teniendo en cuenta que los enlaces pueden sufrir variaciones y quedar pronto obsoletos. La mejor solución aplicada ha sido incluir las palabras de búsqueda, para permitir la recuperación de los enlaces o su sustitución por otros equivalentes. 
Esto quiere decir que los autores nos hemos planteado nuestros capítulos como un texto divulgativo de nivel culto, pero no especializado más allá de lo que se supone que se debe aprender en una introducción a lo que serán después estudios de maestría en los tres campos de aplicación, referidos a la lengua española castellana. La idea es que, cuando un alumno siga después cursos en Lengua, Literatura o Cultura, llegue a ellos con un mínimo de conocimientos básicos. Esto antes lo hacía la Escuela Secundaria y ahora debería hacerlo el Bachillerato o BA; pero la realidad demuestra que es mejor no darlo por supuesto. Los alumnos son normalmente capaces de aprender lo que se les enseñe en lenguaje llano y con claridad, dos conceptos que con frecuencia se confunden. Ese tipo de enseñanza, quizás, es menos común de lo que parece.
Lo anterior también significa que el libro está escrito en lenguaje llano y que los alumnos deben aprender a usar ese tipo de lenguaje, a ampliarlo y a distinguir los distintos niveles o registros. Por ello es oportuno que tengan una clara idea de la norma, en el sentido de consenso. La norma lingüística utilizada será la norma hispánica y, en caso de tener que hacer concesiones a determinadas variantes, se elegirán las que sean más comunes entre las variantes americanas del español. Al hacerlo se debe tener presente que no hay una unidad de un supuesto español latinoamericano frente a un supuesto español europeo, como sabe bien quien tenga una idea de las diferencias entre el habla de Burgos, Madrid, Sevilla, Canarias, la isla de Bioko, Veracruz, la Ciudad de México, Caracas, Bogotá, Salta, el Río de la Plata o cualquiera de las regiones del mundo hispanohablante. Mantener el libro en límites aceptables de extensión requiere aceptar, por parte de autores y lectores, que el principio de selección es básico. Solo la necesidad de intercalar muchos ejemplos ha hecho que un capítulo se salga de esa norma. En la misma línea del cuidado de la extensión y su plausible uniformidad se sitúa la cuestión bibliográfica. Los autores están habituados a emplear bibliografías amplias; pero extender esa carga a alumnos a los que se pretende atraer sería contradictorio. Por ello se ha buscado reducir esa bibliografía a unos cuantos títulos, explicando en breves líneas por qué han sido elegidos, para qué y cómo ese título es útil para seguir trabajando en ese tema. En la redacción se han utilizado más; pero, en general, se han dejado para la bibliografía final. Otra de las ventajas de internet es que ampliar una bibliografía es hoy muy fácil, lo que cada vez es más difícil es seleccionar qué bibliografía es básica para determinado tipo de trabajos. 
El fin último es acercar a los estudiantes y estudiosos a cada uno de los temas de manera que se sientan atraídos por cómo un especialista trabaja sobre ese asunto, lo hace porque le gusta y disfruta con ello y les está dedicando unas páginas para que aprendan a trabajar y disfrutar haciéndolo. Muchos alumnos dejan los estudios cada año simplemente porque nadie les ha enseñado a querer lo que hacen. No se trata de escribir una enciclopedia universal de la lengua, la cultura y la literatura, sino de situarlos con una base en cada uno de esos mundos, porque a ellos van a dedicar sus vidas.
Para hacerlo se ha contado con un grupo de doce especialistas, siete mujeres y cinco hombres, cuya presentación resumida, por orden de intervención, sería la siguiente.
Alicia Sánchez Díez, de la Universidad Complutense, es Doctora en Historia, licenciada en Documentación. A punto de terminar sus estudios de Ingeniería Técnica Industrial, descubrió que su verdadera vocación era unir lo digital y las Humanidades. Ha trabajado en museos, bibliotecas, corpus, todo lo relacionado con documentación y técnicas historiográficas.
Francisco Marcos Marín, de la University of Texas at San Antonio, es Doctor en Filología Románica. Ha sido catedrático de Universidad y de Institutos Nacionales de Enseñanza Media en España, Professore Ordinario per chiara fama en la Universidad de Roma “La Sapienza” y visitante en universidades de todo el mundo. Premio Humboldt de Investigación y Experto del European Research Council.
Whitney Chappell, de la University of Texas at San Antonio, es Doctora en Hispanic Linguistics. Investiga sobre todo en Fonética y Sociolingüística, indagando la relación entre los sonidos y las identidades sociales. Su docencia abarca, por ejemplo, la lengua y el género, la sociolingüística, la fonética y el bilingüismo. Su trabajo de campo se ha realizado principalmente en Centroamérica, sobre todo en Costa Rica y Nicaragua.
María Soledad Salazar es profesora jubilada tras una dedicación sobre todo a la enseñanza preuniversitaria. Es Doctora en Filología Hispánica. Autora en manuales de docencia del español, estudios retóricos y enciclopedias literarias, su investigación se centra en la Retórica y, especialmente en las relaciones entre España e Italia en los siglos XVI y XVII, así como entre la Literatura y el Arte.
Jorge Urrutia es Profesor Emérito de la Universidad Carlos III. Es Doctor en Filología Románica. Ha sido catedrático de Universidad y de Universidades Laborales. Crítico y creador, en su creación literaria destaca la obra poética premiada y traducida a diversas lenguas. Colabora en diarios españoles e internacionales y ha recibido las Palmas Académicas de Francia en el grado de caballero.
Santiago Daydí-Tolson, de la University of Texas at San Antonio, es Doctor en Filosofía y Licenciado en Filosofía y Educación. Ha desempeñado la docencia también en Chile y España. Investigador de la Literatura Latinoamericana y Chicana, ha publicado antologías, traducciones y estudios. Es autor de poesía y de novela y director de la revista electrónica Labrapalabra.
Rosa de Diego, de la Universidad del País Vasco, es Doctora en Filología Francesa. Ha sido también profesora en niveles preuniversitarios en Francia y España. Sus líneas de investigación son la Literatura Francesa de los siglos XIX, XX, XXI, la Literatura de Quebec, el Teatro, la Literatura Comparada y el Tematismo. Ha publicado ediciones, traducciones y estudios, en español y francés.
Nancy J. Mémbrez, de la University of Texas at San Antonio, es Doctora en Hispanic Languages and Literatures. Ha investigado sobre teatro, teatro musical y cine, colaborado con directores como Eliseo Subiela y dirigido sus propias producciones. También ha escrito sobre Fotografía. Dirige el Laboratorio de Medios Audiovisuales del Department of Modern Languages and Literatures.
Ana Benavides, de la Universidad Carlos III, es Doctora en Humanidades y Profesor Superior en Piano. Enseña también en el Real Conservatorio en Madrid. Estudiosa de la Historia del Piano en España, ha hecho una notable labor de recuperación y publicación. Investigadora y profesora en España, Brasil, Australia y los Estados Unidos, ganadora de diversos premios, ha dado conciertos en todo el mundo.
Melissa Wallace, de la University of Texas at San Antonio, es Doctora en Traducción e Interpretación. Sus investigaciones y publicaciones se centran en la profesionalización, en los sistemas de acreditación oficiales que autorizan a los traductores e intérpretes a ejercer y en la política lingüística como forma de activismo para eliminar barreras. Ha enseñado e investigado en España, Finlandia y los Estados Unidos.
Vicente Guillot, Chair of English, Communications, and Foreign Languages, Palo Alto College. ABD en Traducción e Interpretación, MA en Literatura Hispánica. Su investigación se centra en el currículo de traducción e interpretación para estudiantes subgraduados y la educación cultural. Colabora como intérprete voluntario en misiones médicas.
Amando de Miguel es Profesor Emérito de la Universidad Complutense. Doctor en Ciencias Políticas. Investigador en Sociología, formado en Columbia University. Docencia en España, México y Estados Unidos. Conferenciante y publicista en todo el mundo. Autor de libros sobre Sociología, español, Literatura. Novelista. Receptor de múltiples galardones y premios.
El trabajo de estos notables investigadores ha contado además con una ayuda especial, la de Yaisy Rodríguez, MA en Español por la University of Texas in San Antonio, en la tarea editorial y en el formato del libro según las normas editoriales. Colaboraron sus compañeras en el Curso de Introducción a los Estudios Graduados impartido por Francisco Marcos Marín en esa Universidad en 2016, Nancy Enríquez, Daniela Hernández, Mariana V. Prado de la Parra y Mary Rosse Valero Flórez. Las notas y observaciones de estas cinco alumnas graduadas y su trabajo de recensión completa del primer borrador del libro permitieron corregir diversos errores de contenido y de apreciación y mantener una línea de adecuación entre los autores y un grupo pequeño, pero representativo, de los futuros lectores de este libro. Los autores reconocen también la ayuda del Department of Modern Languages and Literatures de la University of Texas at San Antonio, con un agradecimiento especial a la Dra. Marita Nummikoski.
Cada autor es responsable de su trabajo, de su orientación y su selección de ejemplos y comentarios. El compilador lo es de sus capítulos y de haber tratado de mantener en los autores un espíritu de unidad que, al parecer, fue generosamente aceptado y se ha mantenido en una redacción coherente. Que en un libro introductorio falten cosas y otras estén tratadas superficialmente es inevitable. Lo que cabe desear es que, igual que los autores hemos disfrutado escribiendo estas páginas, los lectores disfruten de su lectura y sientan que contribuyen a incrementar su interés y atracción por estos estudios.

Wednesday, March 28, 2018

La representación gráfica del sonido y del habla antes de la escritura


Semiología básica del dibujo
La reproducción del sonido explícito es un desarrollo típico del siglo XX. Estamos tan acostumbrados a ello que cuesta trabajo imaginarse un mundo en el que los seres humanos no disponían de la habilidad de registrar el sonido de manera que pudiera reproducirse exactamente como se produjo y se percibió. ¿Cómo se representaba el sonido cuando no lo podían registrar ni el fonógrafo ni el sonógrafo o cualquiera de sus desarrollos? Porque el sonido es una parte esencial de la vida humana y, muy especialmente, de su carácter diferencial, el lenguaje. Articular y comprender sonidos, asociando una expresión y un contenido, es la capacidad básica para poseer un lenguaje. Es cierto que la expresión puede no ser sonora, como en los lenguajes de signos de los sordos o, quizás, de los neandertales; pero los seres humanos, salvo defecto físico o impedimento, oyen, como oyen los animales. Se sabe que la expresión oral precedió a su representación escrita, desarrollada muchos milenios después de que sepamos que los hombres hablaban y se comunicaban mediante un lenguaje articulado. Antes de representar el lenguaje mediante los sistemas de signos a los que se llama escrituras, son muy abundantes los testimonios de que se usaban imágenes para representar y comprender ideas. En esa forma artística que se denomina “arte rupestre” y en los orígenes de la representación pictórica, en pueblos que no tenían escritura, es razonable pensar que, del mismo modo que existía una preocupación por representar el movimiento en el espacio o en el tiempo, también existió una inquietud por representar los sonidos. Cuando alguien habla, el oyente piensa e interpreta lo que se dice separando las ideas principales de los detalles. Pone luego en orden lo oído, agrupando y clasificando y finalmente proyecta o cartografía las ideas, dibujándolas. Escuchar, pensar, organizar y dibujar son los cuatro pasos que se recorren, en ese orden, en el proceso.

Cuando se dispone de una escritura, en lugar del proceso de dibujo se utiliza el de transcripción de los sonidos a sus equivalentes fonémicos (clases de sonidos) y la transcripción de estas clases. Hay una adaptación cultural inmediata, el sonido se representa de acuerdo con las peculiaridades de la representación escrita de cada lengua: lo que en español es una expresión de admiración, como ¡Guauuu!, en inglés se representa como Waww! Nótese que no sólo la vocal es común, también lo es la indicación de alargamiento o prolongación del sonido.
En otras ocasiones, la reproducción de un sonido no articulado, como puede ser el de tropezar [POF] va acompañada de otros signos de la escritura, que en este caso no expresan sonido alguno, sino mecanismos mentales, como la sorpresa . Se llega a un alto grado de convencionalismo en esta representación, por ejemplo, los globos se utilizan para representar el habla, el lenguaje articulado, mientras que las nubes son el marco que envuelve los pensamientos.

El propósito de estas líneas es hacer una somera caracterización de la representación de los sonidos sin necesidad de recurrir a la escritura, bien sea porque todavía no se ha desarrollado o bien porque se encuentra en una etapa inicial y hay formas artísticas capaces de suplir los vacíos que la escritura pueda dejar. Una primera representación sería la que se podría denominar cero: la representación de los sonidos sin representación explícita. En la leona herida nada indica que el animal doliente esté expresando su sentimiento y, sin embargo, es evidente para el espectador que se está representando un sonido final, agónico, el gesto del cuello, la cabeza o el hocico así lo indican: mirar la imagen es suficiente para darse cuenta de que detrás de ella hay un sonido. La imaginación de cada uno desarrollará esa idea.

El segundo paso se realiza mediante una representación que transmita la idea de que el sonido se está produciendo. Una fórmula clara y antigua es la representación por ondas, como se aprecia en el león sangrante y rugiente de Halo Shelter (41VV1230) en el arte rupestre del Pecos, en Tejas. Esto es independiente de que se interprete esta figura, de la que sólo se ven dos patas, como una figura de transformación de zoomorfo a antropomorfo o que las dos patas se interpreten simplemente como una indicación de que el animal está parado. Lo que interesa aquí es que de la parte superior del hocico sale un chorro, verosímilmente de sangre, mientras que de la boca del animal salen unas ondas que, claramente, indican que se está emitiendo un sonido. Que el animal o el semi-antropomorfo esté rugiendo o esté hablando permite otras discusiones; pero de lo que no hay duda es de que está emitiendo sonidos.

También se puede representar el sonido como burbujas que ascienden, así se representa en la imagen del ciervo en Delicado o Running Deer (41VV1284), una muestra de arte esquemático también del área del río Pecos, en Tejas. A veces la burbuja enmarca un agujero, lo que claramente sugiere que se está estableciendo una comunicación entre mundo e inframundo, así ocurre, en la misma área, en Panther Cave (41VV0083), donde el hocico del ciervo está claramente relacionado con el agujero rodeado de burbujas.

La siguiente etapa será la representación del sonido como sonido articulado, sin más indicaciones de lo que pueda significar, aunque a veces el conjunto del dibujo lo pueda indicar con bastante claridad. Así se aprecia en el portal 2, mural 3, conocido como “El paraíso de Tlaloc” de Tepantitla, en México, una representación del orden del mundo según la mitología de Teotihuacán (ca. 100 a JC – 700 d JC), es decir, mucho antes de la llegada de los aztecas al área. Se utilizan unas lenguas que pueden indicar también sonido inarticulado, como el de las canicas que lo emiten en una parte del juego, en la que se juega con ellas. En otro lugar aparece un hombrecillo azul que, en el juego ritual corresponde a un hombre que hace de canica y al que los otros golpean con las caderas. En uno de esos juegos un hombre que lleva una protección en la cadera tiene los brazos levantados y claramente está hablando al hombrecillo azul que está sentado en el suelo y que aparece representado con una nube sobre su cabeza en cuya parte inferior aparece, en posición vertical, lo que puede corresponder a la cifra 1 o a un dedo rígido. El hombrecillo azul está pensado algo que se expresa con esa figura. La interpretación se deja a la imaginación más o menos mediterránea del lector. Hay una diferencia clara entre la representación con una lengua, que corresponde a lo que se dice y con una nube, que verosímilmente, parece corresponder a lo que se piensa.

K 1398 (c) Justin Kerr
Se llega así, finalmente, a la última etapa, la representación por escrito de una conversación, vinculada a la representación de las figuras que conversan, donde cabe también la expresión de la sucesión temporal.  Se reproduce un ejemplo maya del siglo VIII JC, la vasija del conejo real. Este recipiente, conocido como el Regal Rabbit Vase, contiene una narración cómica en la que, en un lado del cilindro, un conejo señorial despoja al dios L de sus insignias de poder. Los textos hablados están atados a la boca de los hablantes por líneas curvas. En el otro lado, el dios L suplica al Dios Sol, que da albergue al roedor bromista. Este sistema representativo es, con pequeñas variantes, el mismo que se puede ver en los textos que reproducen el habla en las representaciones de distintas culturas y siglos posteriores, hasta el actual.

Tuesday, February 27, 2018

Genética, Lingüística, vascón y vasco


Localización de elementos comparados
En un cuaderno anterior se presentó el euskera de la Península Ibérica como lengua post-romana y no prerromana. En síntesis, muy escueta, habría ocurrido lo siguiente: la lengua vasca es una lengua pre-indoeuropea que estaba en uso desde la Edad de Bronce (antes de 1200 a JC) en su territorio de procedencia. Este territorio era relativamente amplio y se situaba al norte de los Pirineos. A principios del siglo VI se había producido ya un desplazamiento de parte de esa población hacia el área de Pamplona, de donde se extendió hacia Vitoria y, desde allí, hacia el norte y el sur. Los préstamos de las hablas romances se presentan en todos los dialectos, lo que indica que se produjeron en el período medieval, a partir del siglo VI, y que el proceso de diferenciación dialectal del vascuence fue posterior. Abaitua y Unzueta, en 2011, lo presentaron así: “El proceso de expansión es relativamente corto, acotable entre los siglos VI al XII, y en el que pueden concurrir diferentes dinámicas y acontecimientos que propiciaran movimientos de población (y de su lengua asociada); no debiéndose a un solo motivo histórico. Hechos como el repliegue visigodo a las tierras peninsulares tras la derrota de Vouillé (507), que tuvo que suponer el traslado de otros contingentes humanos asociados; las incursiones merovingias, francas y visigodas; la acción de la Iglesia; los levantamientos vascones, el origen y consolidación del reino de Pamplona; las políticas de repoblación medieval y otras fueron probablemente la causa múltiple del desplazamiento”. Añadí a esta observación la nota de que es posible que, en 711, el rey visigodo Rodrigo estuviera luchando en el área de Pamplona contra estos nuevos pobladores, o contra los francos que los empujaban, cuando se produjo la conquista musulmana. En todo caso, los bereberes, hablantes de variedades del latín africano o afrorrománico, que se instalaron en la zona de la Bureba a partir del siglo VIII, se encontraron con el avance hacia el sur de esta emigración euskérica, lo que tuvo consecuencias mayores de lo supuesto hasta ahora en el romance de la zona y, por ende, en los orígenes del español. 

DNA, ácido desoxirribonucleico
Lo anterior, que supone un cambio grande en lo que se sabía o suponía del euskera, como lengua, debe ponerse en relación con las aportaciones de la biología y la genética. Estos nuevos estudios se basan en el ADN nuclear y no sólo en el de la herencia materna, el mitocondrial, en el que se basaron los primeros trabajos sobre genes, pueblos y lenguas. Se diferencian también en que no se orientan a la relación entre genes y lenguas, sino a la continuidad de poblaciones en el mismo territorio.


Un grupo de investigadores de los yacimientos de Atapuerca, en Burgos, analizó en el año 2015 los datos de la secuencia del primer genoma de ocho restos humanos, fechados entre 5.500 y 3.500 años antes del presente, excavados en la Cueva de El Portalón en la Sierra de Atapuerca y publicaron los resultados en 2015, además de ofrecerlos al público oralmente (https://www.youtube.com/watch?v=ZNNEPYqa1_0).

Se ha defendido que el mayor cambio producido en la historia humana fue la transición desde el modelo de cazadores-recolectores del Paleolítico al modelo de agricultores-ganaderos o granjeros, que se fue desarrollando a lo largo del Neolítico y culminó en la Edad de los Metales. Se inició unos once mil años antes del presente, en el Oriente Medio, de donde se extendió hacia el oeste y el norte, por Europa. No todo estaba tan claro en el estudio de ese proceso, porque, en el extremo occidental del continente europeo, en Iberia, no se conseguía encontrar una explicación de sus efectos sobre la población prehistórica y su relación con la población moderna. El estudio genético de los restos humanos de esa parte del yacimiento de Atapuerca muestra que esos seres humanos procedían de un mismo conjunto genético. Habría así un primer conjunto de genes ancestrales compartidos por los individuos de El Portalón y los primeros granjeros en otras partes de Europa. El modo de trabajar la tierra, según estos hallazgos, parece haber sido el mismo y haber sido llevado por un mismo grupo genético durante un proceso migratorio. Los individuos de El Portalón vivieron en el período Calcolítico, es decir, en la transición de la piedra al bronce. Lo más llamativo es que, a diferencia de lo que sucedió con los granjeros tempranos del centro y norte de Europa, los de El Portalón se mezclaron con los cazadores-recolectores que habitaban el suroeste del continente. Esta mezcla no se produjo sólo o principalmente en el momento de la llegada de los granjeros, sino que se incrementó durante los dos mil años siguientes.

Los individuos de El Portalón se relacionan genéticamente con los vascos actuales, lo que sugiere una continuidad de una relación establecida con los inmigrantes agrícolas del Neolítico. Dejan de estar relacionados con un resto aislado del Mesolítico y pasan a la historia de las migraciones agrícolas. Originalmente, habrían llegado a los valles altos del Ebro unas poblaciones agrícolas, cuyo núcleo inmediatamente anterior se sitúa genéticamente en la isla de Cerdeña. Esas poblaciones comparten elementos genéticos con los otros granjeros que se extendieron por Europa, de lo que se diferencian porque incorporan una genética distinta, la de los cazadores-recolectores que encontraron cuando llegaron a Iberia. Trabajar sobre el ADN nuclear permite también determinar que la mezcla se produjo con individuos de ambos sexos, es decir, que no se trata de que la población descendiera de hombres granjeros inmigrantes y mujeres cazadoras-recolectoras residentes en ese territorio, sino de una mezcla real de ambos grupos. Hay que tener en cuenta también que las poblaciones de granjeros eran más numerosas que las de cazadores recolectores, porque la agricultura permite una mayor concentración de habitantes en un área.

Los análisis genéticos muestran que no hay relación entre los primitivos cazadores-recolectores de Europa y los europeos modernos, mientras que los granjeros europeos primitivos, incluidos los de Iberia, surgieron de un grupo común. Ese grupo migró desde el Oriente Medio hasta Cerdeña y ofrece una coincidencia genética con los agricultores de Anatolia y con los sardos.

Fragmentos de obsidiana en sepultura sarda (Terradas)
Lingüísticamente, hay una primera conclusión segura, en cualquier caso, la lengua vasca no puede ser la continuación de una lengua hablada por los cazadores-recolectores del Mesolítico, como se afirmó durante mucho tiempo, porque los vascos no proceden de ese grupo, sino que son posteriores a los agricultores-ganaderos que llegaron, como muy pronto, hace cinco mil quinientos años. La población vasca se relaciona genéticamente con los granjeros primitivos y no con los cazadores-recolectores, siempre teniendo en cuenta que hubo mezcla genética entre ambos grupos. La genética predominante fue la de los agricultores-ganaderos. La Arqueología confirma, por el estudio de útiles de obsidiana, la relación entre Iberia y Cerdeña en el Neolítico (Terradas et al. 2014) y la Genética la relación del área vascona, la sarda y Anatolia.

Otros desarrollos lingüísticos son especialmente controvertidos, aunque algunos paleontólogos se hayan lanzado alegremente a interpretaciones lingüísticas tan infundadas como las genéticas que pudiera proponer un lingüista. Una primera pregunta, por supuesto, es si esos cazadores recolectores hablaban una lengua relacionable con el proto-sardo, es decir, la lengua hablada por los habitantes de Cerdeña antes de la llegada de los romanos y la generalización del latín, del que deriva el sardo, lengua románica moderna. Aunque la respuesta fuera sí, nada obliga a suponer que esa lengua común fuera un antecedente del euskera, o que hubiera una relación entre el proto-euskera y el proto-sardo.  

El territorio de esos agricultores, aunque coincide con gran parte del País Vasco e incluye Burgos, también se extiende a zonas occidentales del Norte-Centro ibérico donde los datos disponibles indican que nunca se habló euskera, ni en época prehistórica ni en época histórica. Y es importante resaltar por ello que en esta investigación se niega explícitamente la existencia de un “gen vasco”. No hay ningún argumento genético para separar a los vascos de otras poblaciones de agricultores primitivos, como han confirmado los estudios genéticos sobre los agricultores de Anatolia, en la actual Turquía. En su clarificadora intervención final en la presentación de los hallazgos en el Museo de San Telmo, el 25 de febrero de 2016, Ignacio Arsuaga explicó con claridad que “no se trata de que los vascos tengamos algo que los demás no tienen, sino que no tenemos algo que los demás tienen”. En cualquier caso, como reiteró, las diferencias son muy pequeñas y, por ejemplo, para el caso del componente genético africano en áreas de la Península Ibérica, se podría explicar por razones históricas y no prehistóricas.

Suponer que se habló una lengua proto-vasca en un territorio mucho más extenso que el que ocupó mucho después el vasco histórico, basándose sólo en datos genéticos, es llevar la imaginación muy lejos. Quizás fuera más exacto hablar de una lengua proto-vascona; pero mucha gente sigue confundiendo vascón y vasco, igual que confunden mexica y mexicano. Sin embargo, aunque quizás sería preferible buscar un término que no contuviera el segmento “vasco”, para evitar confusiones, siempre está en el trasfondo la pregunta de qué era el ibérico y que relaciones lingüísticas se establecieron en la Península Ibérica, el Sur de Francia y otras áreas, antes de la llegada de los indoeuropeos. Genéticamente, los iberos son de origen distinto de estos agricultores primitivos genéticamente pre-vascones; pero hay que seguir insistiendo en que la relación entre genes no obliga a defender una relación entre lenguas que haya sobrevivido a las múltiples vicisitudes históricas.  El continente americano es, en buena medida, una demostración de la incoherencia de esa tesis. Es cierto que es un producto histórico peculiar; pero quizás lo que lo hace peculiar es que sabemos mucho sobre lo acontecido en la época histórica, la cual, para algunas civilizaciones, dotadas de escritura, se remonta a mucho antes de los europeos. De otros movimientos de pueblos, genes y lenguas, considerados en su interacción, lo que se sabe es todavía muy poco.

La hipótesis más plausible, desde el punto de vista del lingüista, a la luz del conjunto de resultados de Arqueología, Etimología e Historia, sigue siendo que sobre esa base genética se impuso una lengua de tipo celta, la lengua de los vascones celtíberos, que hubo también una colonización lingüística latina, más clara en ciertos núcleos, como indican topónimos como Guetaria < Cetaria [ke’taria] y que la lengua que se hablara en esos territorios por los llamados vascones, en el siglo VI d JC fue sustituida por el euskera del que derivan los dialectos modernos, unificados en el euskera batúa.

Sunday, January 28, 2018

El signo y Tabarnia: la lucha de la Lingüística y la Pragmática


El fenómeno social conocido como Tabarnia es en buena medida un fenómeno lingüístico. Es, ciertamente, el resultado de la necesidad de superar una serie de conflictos, buena parte de los cuales se basa en información sesgada y manipulada, es decir, alterada por una actividad que ha llevado a tratar de convertir las palabras en obras, en beneficio de un sector de la sociedad catalana y contra otro sector, catalán y español, una actividad propia de la Pragmática. Podría decirse, en cierto modo, que Tabarnia es el resultado de la lucha de la Lingüística contra la Pragmática. Tabarnia representaría a la primera, mientras que los secesionistas representarían a la segunda. Ambas actitudes están unidas porque, detrás de las dos, lo que hay son palabras. Para los lingüistas, las palabras se estudian como signos lingüísticos, mientras que los pragmáticos se preocupan de cómo hacer cosas con ellas mucho más que de su carácter simbólico. Tampoco vacilan en emplear el término “simbólico” cuando les conviene usarlo.

En política, la expresión de la palabra es el voto y, ya desde este fundamento de la expresión popular del signo político, se produce una falta de correspondencia entre el significante y el significado. La papeleta (el significante) no tiene el mismo significado en todas partes, depende de lo que decida una norma de uso, la ley electoral, la norma que decide qué significa un voto en función de dónde se emite. Se trata, evidentemente, de lo que ya desde Ferdinand de Saussure, en el primer cuarto del siglo XX, se conoce como el valor del signo.

Como Cataluña carece todavía de ley electoral propia, usa la ley electoral española, copia el sistema electoral del Congreso de los Diputados, adaptado a unos distritos cuya configuración está recogida en su Estatuto de Autonomía. El número de votos necesario para conseguir un escaño es desigual, depende del distrito. Es decir, el valor del voto varía en función de circunstancias externas. Este hecho rompe uno de los postulados básicos de la Lingüística: un signo debe tener siempre el mismo valor. El sistema origina una desigualdad. El sesgo que favorecía a CiU antes y a los secesionistas ahora tiene el mismo origen y similar comportamiento que el que se refleja también en las elecciones generales españolas. Los partidos conservadores (como UCD y PP) durante décadas y los partidos tradicionales (como PP y PSOE) desde 2015 se han beneficiado del sesgo que genera la variabilidad en el número de escaños que se eligen en las circunscripciones, desde el único en Ceuta y Melilla hasta los más de treinta en Madrid y Barcelona. La desnaturalización de los resultados electorales y la perplejidad consiguiente de los votantes aconsejarían recuperar el valor del voto, mediante la reforma del sistema electoral.

Tomo la palabra “desnaturalización” literalmente de la noticia de prensa en la que me baso, porque es significativa: se ha alterado el signo, se ha alterado la relación natural entre el voto y el votante: “un hombre, un voto” era la vieja forma, que hay que sustituir por “una persona, un porcentaje de voto, según el distrito”, ese “según” es claramente pragmático, altera y produce la perplejidad de los votantes, cuando ven los resultados de su voto y se dan cuenta de que hay una desigualdad que no se justifica lingüísticamente. ¿Por qué se da esa perplejidad de los votantes? Pues por las mismas razones que un signo puede tener una interpretación favorable o desfavorable, en función del uso que se haga de él, o sea, por la Pragmática.

Se altera el signo lingüístico; pero no el numérico, los números, se sabe, son exactos generalmente. La Disposición Transitoria 4.ª del Estatuto de Autonomía de Cataluña establece que la circunscripción de Barcelona elige un escaño por cada 50.000 habitantes, con un máximo de 85, y que las de Gerona, Lérida y Tarragona eligen un mínimo de 6 escaños, más uno adicional por cada 40.000 habitantes. En las elecciones del 21 de diciembre de 2017, Barcelona eligió 85 escaños (uno por cada 50.062 electores); Gerona, 17 (uno por cada 31.051); Lérida, 15 (uno por cada 20.926), y Tarragona, 18 (uno por cada 31.462). Es decir, el voto de un elector en Gerona, Lérida y Tarragona vale en términos de representación parlamentaria 1,6, 2,4 y 1,6 veces más que el voto de un elector en Barcelona, respectivamente. El valor numérico no se altera, 1 es siempre 1 y 2,4 es 2,4; pero el lingüístico sí, en Lérida 1 es ‘uno’, mientras que en Barcelona 2,4 es ‘uno’ (en escaños, se entiende). En el pasado los partidos conservadores, como CiU, conseguían mejores resultados y lo mismo ocurre ahora con los secesionistas, como ERC. Esos resultados son mejores porque se consiguen en las tres circunscripciones más pequeñas que en Barcelona: el valor de sus escaños (su costo en votos) es menor que el de sus principales rivales, PSC y Ciudadanos, quienes logran sus mejores resultados en Barcelona, donde el valor del voto es menor.

Se trata, en otros aspectos, siempre de contraposiciones de Lingüística y Pragmática: sólo desde la perspectiva de la Pragmática se puede decir que una declaración de independencia es “simbólica”, que no ha habido alteración de la ley, porque lo que se quiere decir es que, si no se usa la independencia, se limita a ser un signo lingüístico. Pero eso es una falacia, porque ese signo lingüístico se ha querido usar para provocar una alteración de la realidad y eso es lo que se persigue, no la palabra. Otro aspecto en el que se evidencia la necesidad de contraponer Lingüística y Pragmática es el del nombre del objeto. En el ámbito de la Pragmática es esencial el uso que se haga de la palabra y “Tabarnia” se ha convertido en una fuente de temor para los secesionistas, que, naturalmente, han reaccionado buscando una palabra que neutralizara lo que Tabarnia significa: esa palabra es “Catabarnia”, un significante poco afortunado, desde luego, con proximidad, seguramente no buscada, a “contubernio”.  Se trata de hacer ver que Tabarnia también tiene sus secesionistas, es decir, los pragmatistas no han podido evitar hacer uso de la palabra “Tabarnia”, en lugar de tomarla como un signo lingüístico. Carentes del sentido del humor, le han dado una interpretación real.

Lo que se produce es un proceso de uso de las palabras en un constante movimiento de secesión, es decir, de corte, que es lo que “secesión” significa etimológicamente. Nótese como en el ámbito de la Pragmática se busca todo lo que tenga que ver con actos, con acciones. Que la Lingüística funciona de otra manera es claro en el himno de Tabarnia, en el que no se trata de hacer cosas con palabras, sino de dar a las palabras su valor auténtico, en cualquier idioma. En un mundo crispado y en un país tan negado para el humor, que un grupo de ciudadanos presente las contradicciones de la Pragmática en clave humorística, merece, para este lingüista, el mayor aplauso: ¡Que visca Tabarnia!

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