Saturday, January 14, 2017

Zhou Yaoping, la revolución lingüística y la otra

Zhou Yaoping (13/1/1906 - 14/1/2017)
A los ciento once años de edad ha fallecido Zhou Yaoping (pronúnciese chouyaoping), uno de los grandes estudiosos chinos, el sábado 14 de enero. Aunque su obra es amplia y enciclopédica, en el pleno sentido del término, su resultado más conocido y posiblemente más relevante es la construcción del pinyin. El pinyin es el sistema de transcripción en letras latinas de los caracteres o ideogramas del chino. Como se sabe, la escritura de esta lengua es, sobre todo, una representación del significado de las palabras (simplifiquemos para entendernos). La unidad básica para los gramáticos chinos nunca fue la unidad mínima de la expresión, el fonema de la Lingüística occidental, sino la sílaba. Es verdad que hay caracteres (no todos) en los que una parte -a la derecha o abajo- representa una indicación de su posible pronunciación, de modo más bien general; pero la fonética no fue la principal preocupación de los escritores chinos. De hecho, no sabemos cómo se pronunciaba el chino clásico, tenemos una idea más clara de cómo se pronunciaba el chino medio (es decir más o menos a partir del siglo VII JC), gracias a los diccionarios de rimas. En estos diccionarios se ordenaban los caracteres en grupos de pronunciación similar. El más antiguo conservado (hubo anteriores; pero se han perdido) es el Qieyun (pronúnciese como chchieyü~), del año 601.
Escribir poesía era una ocupación obligatoria de un letrado chino y la poesía formaba parte de los complicados exámenes de los funcionarios. Por ello eran utilísimos los diccionarios de rimas, de las terminaciones iguales de las sílabas en palabras que ocupan determinadas posiciones del verso, sobre todo al final. Esos diccionarios ayudan a entender qué caracteres rimaban (coincidían fonéticamente) con otros y, por ello, cómo se pronunciaban. Es así porque en el estudio de la sílaba china se diferencia el elemento inicial del final, que es el más importante, el que tienen todas las sílabas, puesto que una sílaba que empiece por vocal no tiene elemento inicial.
Los cuatro tonos del chino y el pinyin.
En el primer carácter a la izquierda de la línea inferior 
se aprecian bien los dos componentes, el primero, 
semántico, corresponde al significado 'mujer' y el 
segundo es el  fonético, indica la lectura como ma: 
véanse el tercero y el cuarto.
Veintiséis letras más los cuatro signos diacríticos que sirven para expresar los cuatro tonos o altura musical, una característica del chino y otras lenguas, en un sistema, el pinyin, que llevó tres años a un comité del Partido Comunista Chino que Zhou Yaoping presidía y que fue finalmente adoptado en la República Popular en 1958. En una entrevista a la BBC en 2012 él mismo recordaba cómo la gente se mofaba de ellos porque habían tardado tanto tiempo para un número tan reducido de letras. La realidad, como suele ocurrir, era más compleja: el pinyin no es una simple transcripción fonética, ni siquiera fonológica, sino un sistema que partía de esa unidad silábica básica y sus dos partes, inicial y final. Por eso es a veces complicado adaptarlo a la pronunciación de lenguas como el español o el inglés y hay que desarrollar reglas específicas para entender, por ejemplo, que Mao Zedong se pronuncia maotsetong, con una o final muy cerrada, casi una u, y una -n final velar, no con una -g, o que lo que se escribe Beijing se pronuncia como pek'in (el sonido que corresponde a la transcripción j en pinyin es difícil de reproducir, se opta por k' para ayudar a entender por qué se  interpretó como Pekín). 
Saint John's University, Shanghai
Zhou Yaoping vivió una vida larga y de múltiples intereses, actividades y padecimientos. Estudió en un centro superior fundado por los misioneros anglicanos, St. John's University, en Shanghai, lo que le permitió acceder a una educación occidental y emigrar a los Estados Unidos. Trabajó de banquero en Wall Street hasta 1947, cuando, como otros jóvenes intelectuales, fue atraído por la utopía comunista y regresó a China para incorporarse a la República Popular. En ella realizó un trabajo fundamentalmente lingüístico y filológico, además de participar en la traducción al chino de la Enciclopedia Británica. Estudió la historia del chino y su escritura, todo lo cual lo hizo ser el candidato ideal para encargarse de la "romanización" de la escritura china y convertirse en el "padre" del pinyin.
El culto a la personalidad
En 1966 la máxima autoridad lanzó la llamada Gran Revolución Cultural Proletaria, uno de los grandes desastres de la Historia y del que se conocen ya detalles, presentados por los escritores chinos y traducidos a las lenguas occidentales. En Los cuatro libros, Yan Lianke (yenlienke) narra detalladamente y sin citar por sus nombres a los dirigentes del partido, lo que fueron aquellos terribles años. Una excelente traducción de Taciana Fisac para Galaxia Gutenberg pone ese libro a disposición de los lectores hispanos. Entre 1966 y 1971 se trató, por una parte, de movilizar a los campesinos para incrementar la producción de hierro y acero, lo que provocó terribles hambrunas y la deforestación de gran parte de China. Además, acusados de "aburguesamiento", los estudiosos e intelectuales chinos fueron desplazados a los campos de reeducación por el trabajo, donde tuvieron que realizar las tareas que no realizaban los campesinos desplazados. Todo ello supuso una terrible represión. Soy testigo de la duración de sus efectos al menos hasta 1981, mi primer viaje a China, en un programa de la UNESCO que me permitió un amplio contacto con el país, al que, desde entonces, profeso un profundo afecto. La lectura de Yan Lianke me ha hecho revivir episodios como los de mi intérprete Xiao, que a los seis años quedó sola en su casa, tras la deportación de sus padres, con su hermanita de dos años a su cargo. Con ella y su grupo de amigos pude recorrer la ciudad de Pequín, en bici -a velocidades chinas, siempre el último de la fila- y acceder a muchos edificios, sobre todo templos, que habían permanecido cerrados desde 1966 -eso los salvó- y que tardaron años en abrirse al público. También escuché relatos de enfrentamientos de bandas opuestas en el campus de mi universidad, con grupos de Guardias Rojos armados con lanzas de madera o de cómo durante todo un invierno los alumnos de una de las grandes universidades pequinesas sólo comieron col y una bola de sebo.
Taciana Fisac y Yan Lianke en la presentación de
Los cuatro libros
Como el conjunto de los estudiosos, Zhou Yaoping también fue deportado y pasó dos años en uno de los campos de reeducación. Es muy recomendable la lectura de Los cuatro libros, porque en esta novela se presenta de manera descarnada la realidad de lo ocurrido, siempre sobre episodios reales, novelados sin alteraciones. Para hacerse una idea de las consecuencias conviene recordar que no fue rehabilitado hasta 1980, aunque la Revolución hubiera terminado oficialmente en 1969 y, en la práctica, con la muerte de Lin Biao (linpiao) en 1971. Hasta 1976, con el juicio de la banda de los cuatro, sus efectos estuvieron vivos y, como se dijo anteriormente, en 1981 eran todavía evidentes.

La actitud de Zhou Yaoping en los años finales de su larga vida ha sido, como la de muchos intelectuales chinos, de lucha por la reforma de las estructuras políticas y sociales, el reconocimiento del error que supusieron la actuación de Tienanmen y la represión subsiguiente (todavía hoy no reconocidos oficialmente) y la necesidad de una reforma democrática en China. En este sentido se manifestó en varias entrevistas a los medios occidentales, que, con motivo de su muerte, han vuelto a circular, En las ondulaciones de su vivir, pudo realizar una obra que facilita el acceso a la cultura china y la comunicación en ella.