Se continúa en esta nueva entrega la contribución iniciada en julio de 2026, en https://fmarcosmarin.blogspot.com/2026/07/jerusalen-las-huellas-y-sus-ecos.html. El enfoque adoptado continúa siendo deliberadamente interdisciplinar, en el sentido fuerte del término: no se limita a “sumar” perspectivas, sino que se sitúa en el cruce de tres campos principales: arqueología e historia, filología y ciencias de las religiones, estudios de memoria.
En lo
concerniente a la historia de la arqueología y de las ciencias bíblicas se utilizarán tanto síntesis generales
(Galor–Bloedhorn; Unearthing Jerusalem;
Stern, New Encyclopedia of Archaeological
Excavations in the Holy Land) como estudios más específicos sobre la
formación de la “biblical archaeology” (Albright y su escuela) y su crítica
posterior (Davis, Abu El-Haj, Kletter). Nos interesan especialmente los
momentos de inflexión: el paso de las exploraciones decimonónicas a las excavaciones
estratigráficas más sistemáticas; la profesionalización de la disciplina; la
transformación del paradigma “confirmacionista bíblico” en otro más atento a
los contextos sociales y políticos.
También se mantendrá el enfoque en Filología y ciencias de las religiones.
La tradición
textual —tanto bíblica como postbíblica— es inseparable de Jerusalén. Se tendrán
en cuenta no solo los textos antiguos, sino también relatos de peregrinación modernos (fines del XIX y primera mitad
del XX), crónicas periodísticas, literatura espiritual y documentación interna
de órdenes religiosas e instituciones educativas españolas vinculadas a la
ciudad.
El análisis filológico se aplicará a esos materiales modernos: fórmulas reiteradas para describir los “Santos Lugares”, formas de integrar los hallazgos arqueológicos en la exégesis y la catequesis, y modelos de traducción y adaptación de la toponimia.
La historia cultural de Jerusalén forma parte de los estudios de memoria. Jerusalén es un
espacio densamente cargado de memoria, en el que la arqueología se ha
convertido en una herramienta privilegiada para sustentar reivindicaciones
identitarias y territoriales. Obras como Facts
on the Ground de Abu El-Haj, o estudios recientes sobre la
instrumentalización política de los parques arqueológicos en Jerusalén y sus
alrededores, permiten situar, en el plano comparado, los ejemplos que se
examinarán en la parte española.
Desde el punto
de vista temporal, nos
centraremos en el periodo comprendido entre mediados del siglo XIX —cuando se
consolidaron las primeras exploraciones científicas y se sentaron las bases de
la geografía bíblica moderna— y el presente, con especial énfasis en el
intervalo 1890–1967 para la reconstrucción histórica y en la segunda mitad del
siglo XX para los aspectos relativos a la presencia española (fundación del
Colegio del Pilar, del IEBA y de la Casa de Santiago).
En cuanto a las
fuentes, se combinan las fuentes primarias y las secundarias. En las primeras se
encuentran documentación de archivo relativa a peregrinaciones, a
instituciones españolas en Jerusalén y a relaciones diplomáticas; crónicas
impresas de viajes y peregrinaciones hispanas; informes de excavaciones y
memorias institucionales de centros arqueológicos en Jerusalén; material
iconográfico (fotografías históricas, planos, mapas, postales). Las fuentes secundarias incluyen síntesis arqueológicas y
manuales especializados; estudios monográficos sobre arqueología bíblica y
arqueología israelí; investigaciones recientes sobre el legado español en
Tierra Santa y la recepción de la arqueología en contextos religiosos.
Finalmente, desde el punto de vista espacial, el foco se mantendrá en el término “Jerusalén” entendido en sentido histórico-arqueológico (Ciudad de David, ciudad amurallada, explanada del Templo/Haram al-Sharif, barrios histórico-confesionales y su hinterland inmediato), pero sin perder de vista que muchos “ecos” españoles se proyectan sobre un espacio más amplio de Tierra Santa, con itinerarios peregrinos que conectan Jerusalén con Belén, Nazaret, el Jordán, el Sinaí o incluso Egipto.
Los ecos españoles de la historia arqueológica de Jerusalén tienen
resonancias profundas, conceptuales y temporales. Vista desde España, la historia arqueológica
de Jerusalén no se presenta como una gran “misión nacional” al estilo británico
o francés, sino como una constelación de presencias dispersas: peregrinaciones
multitudinarias, un colegio español en la Ciudad Vieja, una casa de estudios
bíblicos en Jerusalén Este, franciscanos que envían cajas de piezas al Museo
Arqueológico Nacional, reyes fascinados por egiptólogos célebres, películas
devocionales proyectadas en parroquias.
La
reconstrucción de este tejido debe muchísimo al trabajo de María Luz Mangado Alonso y a la serie Bajo el cielo de Oriente (Victorensia 91
y 92, con la crónica del P. Roque en preparación), en la que se ha reordenado
críticamente el material disperso sobre España en Tierra Santa entre 1899 y
1955.
En torno a ese eje se pueden distinguir tres grandes focos: las peregrinaciones y expediciones hispánicas a Tierra Santa, Egipto y Roma; el Colegio Español de Nuestra Señora del Pilar en Jerusalén, con su dimensión escolar, social y literalmente “estratigráfica”; la Casa de Santiago / Instituto Español Bíblico y Arqueológico (IEBA), como presencia académica estable.
Alrededor gravitan figuras como el franciscano Francisco Martínez Roque
(Padre Roque) y la constelación Alfonso XIII–duque de Alba–Howard Carter, que
proyecta sobre este paisaje una “egiptomanía” muy específica.
Con las peregrinaciones hispánicas se inicia lo que puede considerarse
“arqueología devota”. El punto de partida simbólico puede fijarse en el cambio
de siglo. Con motivo del “segundo milenio de la Redención”, León XIII invita a
organizar peregrinaciones a Tierra Santa; España responde pronto, y esa
respuesta cristaliza en una serie de peregrinaciones organizadas que combinan
devoción, sociabilidad y curiosidad por las ruinas.
La Primera
Peregrinación Vascongada de 1902 inaugura un estilo. Participan obreros
organizados, cofradías, asociaciones marianas, clero rural, familias
acomodadas; las crónicas describen la misa de envío en Bilbao, los estandartes,
las bandas de música, los telegramas al Papa y al rey. En la cubierta del barco
suenan euskera, castellano y francés; algunos peregrinos hojean guías de Tierra
Santa editadas en Lyon o Jerusalén.
Entre 1902 y la
Guerra Civil se suceden peregrinaciones hispanoamericanas (1924, 1925, 1926) y
españolas (desde 1928): las promovidas por José María Urquijo Ybarra y obispos
del norte; las grandes cruzadas presididas por Zacarías Martínez Núñez desde
Santiago de Compostela; expediciones mixtas en las que viajan españoles e
hispanoamericanos.
El itinerario
se repite, con variantes: Bilbao o Barcelona – Marsella / Génova – Alejandría y
El Cairo – Jaffa – Jerusalén – Roma. Las paradas en el Museo de El Cairo se van
cargando de importancia a medida que la egiptología se hace más mediática,
especialmente tras 1922.
En las crónicas, la mirada es híbrida: se describen los lugares santos con fórmulas bíblicas y devocionales (“la ciudad de David”, “el Santo Sepulcro”); se anotan detalles “arqueológicos” en sentido amplio: murallas, restos de pavimentos “descubiertos recientemente”, mosaicos, grietas de roca; se citan nombres y obras de referencia: guías franciscanas, manuales de topografía bíblica, obras de L.-H. Vincent, F.-M. Abel o, más tarde, de P. Benoit, Virgilio Corbo, Jerome Murphy-O’Connor, la bibliografía es extensa.
La expresión
“arqueología devota” no es casual: los peregrinos interpretan lo que ven a la luz de las excavaciones,
explicadas por franciscanos, dominicos y guías locales. Discuten si la “piedra
del Calvario” es auténtica, si el Cenáculo conserva restos de los cruzados, si
el camino actual de la Vía Dolorosa coincide con el de Jesús.
En las
peregrinaciones hispanoamericanas de los años veinte, estudiadas por Mangado
Alonso, esta dimensión se refuerza con el cine: películas como España en Jerusalén / La Virgen del Pilar en
Jerusalén, difundidas bajo el título Visiones
de Oriente, combinan escenas de procesiones, misas y Vía Crucis con
panorámicas de Jerusalén, planos de ruinas y, muy pronto, imágenes de Egipto
(pirámides, templos, el Nilo).
Las mismas
cámaras que filman la entrada de los peregrinos por la Puerta de Jaffa recogen
también su paso por el Museo del Cairo y, cuando es posible, por el Valle de
los Reyes. El montaje yuxtapone la “arqueología bíblica” y la “arqueología
faraónica”, reforzando la idea de que ambos territorios forman parte de una
misma “geografía sagrada” moderna.
El flujo no es
sólo de personas e imágenes, sino también de objetos. En este rico panorama,
nos encontramos con objetos que viajan y también con objetos que se quedan. Las peregrinaciones producen una
circulación continua: de Jerusalén a España e Hispanoamérica: cruces repletas
de reliquias, ampollas con agua del Jordán, pequeñas piedras etiquetadas
(“Huerto de Getsemaní”, “Monte Tabor”), lámparas de aceite, iconos,
fotografías, películas; de Egipto y Oriente Medio a España: piezas
arqueológicas adquiridas o donadas —a menudo a través de religiosos y
diplomáticos— que ingresan en el Museo Arqueológico Nacional (MAN) o en museos
bíblicos diocesanos.
Desde los años veinte y treinta se fundan museos bíblicos y colecciones en lugares como: Palma de Mallorca, Tarragona, Montserrat, Santiago de Compostela, alimentados por objetos procedentes de Tierra Santa y Egipto. Esos espacios ofrecen al público español vitrinas con monedas, cerámicas, tejidos, maquetas de Jerusalén, mapas de rutas bíblicas; a veces, incluso proyectores que permiten mostrar fragmentos de las películas de peregrinación.
La gran Exposición de Tierra Santa en Madrid (1953), reconstruida por Mangado Alonso,
actuó como síntesis de medio siglo de contactos: reunió objetos de
peregrinación, fotografías, recuerdos del Colegio del Pilar, piezas facilitadas
por la Custodia franciscana, material procedente de museos bíblicos y
documentos audiovisuales.
En este contexto, la figura del Padre Francisco Martínez Roque resulta decisiva. Gracias a él se recibieron en el MAN piezas egipcias y grecorromanas donadas por coleccionistas y por el propio Servicio de Antigüedades; entre ellas, una estatua vinculada al joven Tutankhamón, cuya identificación suscitó el entusiasmo del director, José Ramón Mélida, ya fascinado por las noticias del descubrimiento de la tumba en la prensa británica.
Estos “objetos
que se quedan” —reliquias, fragmentos arqueológicos, películas— son una
prolongación material de la arqueología de Jerusalén (y de Egipto) en el
espacio peninsular e hispanoamericano.
Las siguientes
secciones desplegarán este programa, iniciado con las peregrinaciones y que se
ampliará con las instituciones españolas (Colegio del Pilar, IEBA/Casa de
Santiago), con un breve recorrido por la historia de la investigación
arqueológica en Jerusalén, para repasar después los ecos filológicos,
teológicos y culturales de esa arqueología hierosolimitana en el mundo de habla
hispana.






