Friday, November 21, 2014

Identidades árabes y musulmanas en la obra de Miguel de Cervantes


La palabra identidad es un latinismo del español, introducido al parecer en fecha relativamente tardía, pues los ejemplos más antiguos conocidos se sitúan en torno a 1440. Procede de una palabra artificial en latín, formada en el latín humanístico a partir de idem, ‘el mismo’. A principios del siglo XVII ese vocablo identidad no tenía el mismo sentido que hoy, baste con comparar las definiciones de los diccionarios. Si se considera la definición que, un siglo después, en 1734, daba el primer diccionario académico, el Diccionario de Autoridades, para la expresión identidad de razón, “Aprehensión del entendimiento con que tiene por una misma cosa las que son realmente distintas”, se puede entender perfectamente la propuesta de la exposición que sigue, que gira en torno a las palabras españolas árabe, moro, morisco, musulmán, turco, sus sinónimos en la obra cervantina y otros términos que ayuden a entender qué percibía como igual Cervantes, aunque en realidad fuese distinto y que percibía como distinto, que para un lector de hoy podría parecer igual.


Por ejemplo, en una frase como ¿eres turco de nación o moro o renegado? (1615, Quijote) se aprecia inmediatamente que el componente común es ser lo que hoy llamaríamos musulmán, pero que a Cervantes lo que le importa es la diferencia entre el musulmán de oriente (el musulmán como estructura política, si se quiere), el turco, el musulmán magrebí (o el musulmán en general, como opuesto a cristiano), el moro, y el musulmán procedente del cristianismo, el renegado, lo que llevará a preguntarse qué tipo de adjetivos y descriptores se asocian con cada uno de estos tres términos y qué caracterización hace el autor de los personajes que pertenecen a uno de esos tres grupos. También, por supuesto, obligará a preguntarse por la palabra musulmán o sus sinónimos en la obra cervantina y por cuáles de las obras contienen más o menos de estos elementos. Evidentemente, también interesará saber si Cervantes tenía un concepto de árabe y cuál era éste, de existir. Como rasgo peculiar de la cultura española está también el morisco, cuya situación entre dos mundos culturales será muy perceptible en la obra que se analiza.

Desde una sociedad occidental, laica, es muy difícil hacerse hoy a la idea de cómo era el pensamiento religioso cristiano en el siglo XVII; desde una sociedad musulmana quizás sea más sencillo. En todo caso, en la realidad de una ciudad musulmana, como la Argel en la que pasó cinco años y medio cautivo y que, por tanto conoció muy bien, hay tres tipos de personajes por la religión y dos por su nación. Los nacionales son los españoles y los turcos. Los últimos son, por su religión, moros, los primeros son cristianos (normalmente cautivos, algunos mercaderes y algunos frailes) o renegados. El turco es enemigo. El renegado a veces ayudará, como español, a veces será enemigo como el turco, por su condición de moro, de musulmán. Para Cervantes el renegado, además, es en el fondo un cristiano, o cobarde o errado, pero no alguien que sinceramente haya aceptado una religión diferente. Los renegados que se han integrado plenamente en el Islam son tratados como turcos y se sitúan en los mismos esquemas de comportamiento que estos. Cervantes no concibe que un cristiano pueda dejar de serlo y convertirse sinceramente al Islam. Cuando acepta lo contrario, es decir, que un musulmán se convierta al Cristianismo, en la mayoría de los casos se trata de mujeres. Los mundos masculinos son mundos opuestos.

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En la obra cervantina no aparece la palabra islam, mientras que musulmán, con la forma mosolimán, nada más lo hace en dos casos, ambos en 1613, en la novela ejemplar de El amante liberal,  el primero en plural y el otro, de modo que indica que Cervantes sabía que no era una palabra corriente, en este pasaje: ¿Cómo, siendo tú mosolimán (que quiere decir turco), me salteas como cristiano? Es interesante que la identificación no sea con moro, lo que indica que se percibe la palabra como una forma oriental. Sólo en una ocasión, en el capítulo LIII de la segunda parte del Quijote, aparece la palabra mahomético, referida a  su autor apócrifo, Cide Hamete Benengeli: “Esto dice Cide Hamete, filósofo mahomético”. En la lengua de Cervantes, la palabra preferida para referirse a los musulmanes por su religión era moro/-a, que tenía, por tanto, dos acepciones, la de ‘musulmán’ y la de ‘natural de la Mauritania romana, es decir, del Magreb de los árabes’.

En cuanto a la palabra árabe y sus derivados, tampoco es significativa. Lo referente a la nación, lo que hoy sería la nación árabe, para Cervantes son los turcos. Arábigo es el nombre de la lengua o su escritura (tomé un cartapacio de los que el muchacho vendía, y vile con caracteres que conocí ser arábigos, Quijote, I, cap. IX). Cuando se aplica a un personaje, como en (ibidem): “volviendo de improviso el arábigo en castellano, dijo que decía: Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo” lo que se quiere expresar es que Cide Hamete es un [supuesto] historiador que escribe en árabe, no que fuera árabe como nacionalidad.  Puede referirse a “raza”, que es lo que significa nación en este texto: “Si a ésta se le puede poner alguna objeción cerca de su verdad, no podrá ser otra sino haber sido su autor arábigo, siendo muy propio de los de aquella nación ser mentirosos; aunque, por ser tan nuestros enemigos, antes se puede entender haber quedado falto en ella que demasiado.” Como adjetivo relacionado con Cide Hamete tiene variantes en veta irónica: “Cuenta Cide Hamete Benengeli, autor arábigo y manchego”. Arabia es la región geográfica, una tierra mítica de oro y perfumes. Los árabes como pueblo son los beduinos de Arabia, que se caracterizan por vivir en tiendas: “los árabes, de mudables casas” (Quijote, I, cap. XVIII).

Otro término de interés lingüístico es el de aljamiado, una vez en Don Quijote y otra en el Persiles, palabra, por tanto, de la última época cervantina, pues falta en el léxico de las obras anteriores. Se usa exclusivamente como variante de arábigo, para referirse a la lengua árabe o a su escritura. De los intereses lingüísticos de Cervantes, que se manifiestan en la inclusión de varias frases breves en árabe en varias obras, participan, como es natural, los arabismos.

Morisco tiene tres acepciones: la que se refiere al hombre o la mujer, a la cultura y los objetos característicos de ambos y la que se refiere a la lengua. En términos semánticos, moro es el vocablo que tiene la mayor amplitud semántica, el que se sitúa en el vértice de los hiperónimos, por ello tanto él como sus derivados son siempre los que ofrecen mayores opciones de generalización semántica. Buen conocedor de Berbería, Cervantes sabe por experiencia propia que el morisco es en buena parte ajeno a esa cultura, con la que tampoco se sentirá cómodo y que, en consecuencia, la expulsión no les ha permitido reencontrarse con su identidad entre los musulmanes, sino que su identidad se definía precisamente en los reinos cristianos de los que fueron obligados a salir. El morisco vivirá la contradicción de su origen moro, de su raza mora, y su integración en la sociedad cristiana, que puede ser total, con su sincero cristianismo, sobre todo en las mujeres, pero también en los hombres. Dos cosas, sin embargo, quedan claras. Del lado cristiano, que no hay posibilidad de aceptación sin conversión sincera al Cristianismo. Del lado musulmán, que incluso los que son musulmanes sinceros no se integran en el ambiente musulmán del Imperio Turco, porque sus patrones culturales han cambiado y no se reconocen en el Islam norteafricano.

Turco, como se ha reiterado, es término amplio. Como turco de nación se refiere al musulmán de nacimiento, excluye al renegado y al morisco. El femenino turca se usa en ocho ocasiones, cinco de ellas para contraposición entre turca o cristiana, como equivalente de mora, con el sentido de “musulmana”, una de ellas en la frase que, en realidad, tiene valor del cuantitativo todo o el  indefinido cualquiera: “Que seas turca o seas cristiana, a mí no me importa cosa” (La gran sultana). Fuera del uso predominantemente administrativo o político, como adjetivo se usa turquesco/-a.

Hasta aquí las definiciones de carácter general, con sus consecuencias inmediatas: Cervantes ve el mundo como un enfrentamiento entre dos culturas, cuyos términos políticos son el Imperio español frente al imperio turco. Su traducción al mundo religioso es más compleja, porque existen dos categorías intermedias entre cristiano y musulmán, el morisco y el renegado, dos grupos que no acaban de integrarse en el ambiente donde viven y que constituyen muestras ejemplares de la complejidad de los contactos culturales y de cómo, cuando estos son excluyentes, causan dolor a los seres humanos. El asunto es amplio y habrá que volver a él.