Monday, July 28, 2014

Lingüística y Pragmática

uando se habla hoy de la Lingüística como visión del mundo, no se está haciendo referencia, estrictamente, a lo que se suele conocer como la hipótesis Sapir-Whorf, nunca formulada por ambos autores como tal: que hay determinadas marcas o preferencias culturales que se asocian a los elementos lingüísticos de una cultura o, en otros términos, que ciertas culturas se apoyan en determinadas condiciones lingüísticas hasta el punto de que los hablantes tienen una visión del mundo condicionada,  limitada, por las lenguas que usan. Más bien se trata de que existan determinadas preferencias culturales que hacen que los lingüistas antepongan una orientación a otra para su trabajo. Cuando se habla de preferencias culturales se habla de lo que, desde Saussure, se considera extralingüístico. Hay unos elementos sociales que se imponen sobre las capacidades electivas. Sería, en cierto modo, partir exactamente del punto de vista opuesto al que se señalaba anteriormente en Humboldt: “la idea de la verdadera relación gramatical sólo se introduce en las palabras mediante una operación del pensamiento”.

sí, por ejemplo, en la segunda de las tesis de Karl Marx (1845) sobre Feuerbach se escribe: “El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico”. La praxis sólo aparece en la etapa final del proceso del conocimiento como criterio de verdad. Hay, por ello, una relación de los signos con la dimensión pragmática de la semiosis. De ahí deriva la visión lingüística del mundo centrada en el uso, en el desarrollo de “cómo hacer cosas con palabras”. 

recisamente ésa es la razón por la que es lícito considerar que la Pragmática, como una de las ciencias del conocimiento, no es Lingüística ni parte de ella, porque no puede separar el conocimiento de la práctica, no permite la consideración del signo como tal, como conjunto binario, par {expresión, contenido}. Es, naturalmente, una ciencia que necesita el análisis de los elementos lingüísticos, de los signos, pero supeditados a la relación que permiten entre los usuarios, a la praxis. 
Lo que lleva a la contradicción es que todo lo que se supedita a la praxis implica la necesidad de un proceso de selección. El único proceso posible, en el caso del marxismo, como queda explícito en la tesis tercera, es “la práctica revolucionaria”. Sin embargo, no hay ninguna razón que pueda imponer un principio de la evolución ni de la selección.

Tal supuesto principio, desde la perspectiva de la razón humana, simplemente no existe. No hay, en consecuencia, ningún motivo para enfocar el mundo desde la perspectiva limitada del innatismo, ni desde la de la variación. Como la capacidad explicativa del estructuralismo, con su doble articulación, que es la tercera posibilidad, impide, por principio, fundamentar en él una cosmovisión, es preciso aceptar, con Shakespeare, que “There are more things in heaven and earth, Horatio, Than are dreamt of in our philosophy”  ( Hamlet: 1.5.167-8, con la variante our ‘nuestra’ y no your ‘tuya’, tal como aparece en el First Folio, 1623). Es decir, todos tenemos que suponer (dream of) para aprender (philosophy), y aun así no se consigue abarcar la realidad.